Curitiba/2002

 

LA CONSTRUCCIÓN DE UNA ÉTICA MASÓNICA ACTUAL

Iván Herrera Michel, 33º

Ex Gran Maestro

Gran Logia Del Norte de Colombia

Para los abuelos las cosas eran sencillas: vivían en un mundo de certezas. El mundo había comenzado 4.000 años antes de Cristo; según la datación bíblica, los primeros seres humanos eran Adán y Eva. Existía un sistema de premios y castigos de acuerdo con unas reglas claras que cumplir, y era fácil, si no se oponían a la opinión mayoritaria, vivir una vida sin ansiedades. Eran honorables si profesaban con entusiasmo sentimientos de patria, religión y familia, respetando la estratificación social. En esa sociedad estamental todos cumplían su papel sin cuestionarlo porque un proyecto de vida semejante garantizaba la tranquilidad de conciencia.

Los Masones, mientras tanto, luchaban por fortalecer el papel del individuo frente a los abusos del trono y el altar y por lograr que sus partidos políticos, más o menos jacobinos, más o menos anticlericales, alcanzaran el mando del Estado. Y la mayor diferencia era que los Conservadores iban a misa de 5 y los Liberales a misa de 7.

Por el contrario, nos ha tocado, a los Masones de hoy, el destino de enfrentarnos al cuestionamiento y la negación de los grandes relatos de nuestras culturas, y por consiguiente al examen de los fundamentos de la Orden, y su justificación actual, buscando respuestas nuevas a las preguntas de siempre: ¿Qué es la Masonería? ¿Para qué sirve? ¿Qué aporta hoy al mundo del mañana?

Como fundamento de lo anterior tres son las éticas Masónicas que tenemos que cultivar: La del individuo, la del ciudadano, y la de la especie humana.

Entonces, comencemos con una pregunta elemental: ¿Qué cualidad reconoce el adjetivo “Masónico”? ¿Qué hace que una ética sea “Masónica”? ¿Qué es lo que en realidad distingue a un objeto cuando posee el calificativo “Masónico” que no se le señala cuando ostenta otro?

Nos explicamos: A nosotros nos enseñaron nuestros padres, nuestros colegios, nuestros vecinos, nuestros amigos y un largo etcétera de allegados, que debíamos ser buenos hijos, buenos esposos, buenos padres, buenos ciudadanos y hombres útiles a la sociedad. Nuestra universidad nos instruyó, a través de dos o tres asignaturas, acerca de los obstáculos que impiden el libre desarrollo del pensamiento, y la literatura Constitucional de nuestro país impone el respeto a nuestros derechos fundamentales individuales, sociales, económicos y culturales, así como nuestras garantías y deberes.  Si  esto lo repite la Masonería entonces a nosotros nos sobra. Pero si la Orden nos aporta algo diferente y valioso entonces debemos preguntarnos: ¿Qué es ese “algo diferente” que nos aporta?

Una primera aproximación a la respuesta podría estar relacionada con el papel que para el ciudadano y la sociedad ha tenido la Masonería Especulativa en los últimos 4 siglos. Y aquí encontramos un tropiezo: ¿Cuál de las Masonerías?: ¿la Deísta? o ¿la que no acepta mujeres ni cojos? o ¿la que sí los acepta? o ¿la adogmática? o ¿la progresista? o ¿la que es taller de pensamiento? o ¿la anglosajona de USA que se precia de Regular y practica desde hace más de dos siglos segregación racial con los Masones afro americanos de ese país? o ¿la aristocrática inglesa? o ¿la progresista francesa? o ¿la mística? o ¿la iniciática? o ¿la Patriota Latinoamericana?

Lógicamente nuestras apreciaciones están determinadas, en su mayor parte, por la Masonería que se practica en la Gran Logia del Norte de Colombia, por ser la que hemos practicado durante mucho tiempo.

De todos modos, todos los Masones que conocemos, sin distingos, compartimos un denominador común: Hace algún tiempo tomamos la decisión de acercarnos a una Logia con el objeto de adquirir nuevos conocimientos que mejoraran nuestro desempeño social, laboral, profesional, intelectual y hasta familiar. Y a fe que hoy hemos mejorado nuestro potencial de ser mejores ciudadanos y nuestra capacidad de actuar autónomamente en la sociedad civil.

En primera instancia estuvimos en contacto con lecciones que nos hablaron de pulir la piedra bruta de nuestra propia naturaleza y, en el caso de las Liturgias que practicamos en Colombia, de desarrollar el sentido del honor, del saber y de la virtud. Hasta ahí lo nuevo consistía en la invitación a comentar esta moralidad rodeados de la formalidad que llevan implícitas las ceremonias Masónicas, y los comentarios provenientes de hombres que se preciaban definiéndose como librepensadores. Luego se nos invitó a cultivar la ciencia y por último, para cerrar el ciclo simbólico, a producir intelectualmente reflexionando sobre las enseñanzas de los fenómenos de la vida y la muerte. Los libros nos enseñaron lo que debíamos entender por libertad, igualdad y fraternidad a la luz de múltiples acontecimientos en América y Europa.

Surge después de esta etapa, para los que persisten en la Orden, como primera necesidad la incorporación de las nuevas destrezas ideológicas al estamento social, si se quiere conformar un nuevo pacto y una renovada sociedad, y optar por un auténtico Estado de derecho pluralista en el cual los ciudadanos tengan igualdad de oportunidades no solo ante la ley, sino, lo que es más importante, ante la vida.

Nosotros, los Masones de hoy, somos conscientes que la comprensión de los comportamientos en el mundo actual, donde existen múltiples posturas, exige, además de la investigación científica, la aceptación del imperativo de la dignidad humana fundamentada en un ser humano libre, autónomo y educado. No se puede hacer hoy una ética Masónica de espaldas a la ampliación de nuestras comprensiones, y, a través de ella, la de los que nos rodean. Una actitud clave podría ser la de la flexibilidad para adaptarnos a los cambios de contextos que los nuevos conocimientos están creando permanentemente. Y un principio central básico es el mutualismo, es decir, la ética nacida de la relación con el “otro”.

En este orden de ideas, consideramos que la Masonería solo tiene un sentido ético social si se le concibe como un punto de encuentro dedicado a desarrollos no académicos, pero sí formativos, en donde se brinde educación integral a cada uno de sus miembros, adoptando como metodología el contacto directo con hombres provenientes de diferentes clases sociales, posibilidades económicas, razas, culturas, origen nacional o familiar, religión, opinión política o filosófica, creencias o no creencias, formación personal, profesional, etc. De este crisol sale el Masón dotado de destrezas ciudadanas más calificadas e ideológicamente más competitivas, que las que podría poseer alguien que no haya mantenido contacto con un grupo semejante. Aquí es donde radica la diferencia fundamental frente a otros grupos y la justificación de la Masonería en una sociedad democrática, ya que esta experiencia no se da, por ejemplo, en las universidades en donde todos los participantes obtienen una similar educación y formación. La diversidad del origen social, la madurez del pensamiento, y los diferentes enfoques en el análisis de un tema en consideración, hace la diferencia al enriquecer a los Masones y, a través de ellos, a la sociedad, por extrapolación natural de las nuevas aptitudes éticas.

Ahora bien: ¿Cuáles son las condiciones indispensables para alcanzar los objetivos sociales del grupo mencionado sin que se presenten variables que lo malogren?

Una sola es la respuesta: la Libertad de conciencia, la tolerancia mutua, la garantía para la diversidad y la sanción para la intransigencia, practicadas dentro de un marco dialéctico.

Es por ello, que nuestra ampliada capacidad de participación ciudadana, ahora desde la mayor calificación de los fundamentos de sus principios filosóficos, debe contribuir al pluralismo, a la aceptación del discenso, y a la tolerancia a las diversas tendencias de opinión, en las sociedades en que estamos inmersos. Sin olvidar, que paralelamente, mientras los Masones trabajamos en nuestros Talleres, ha ido tomando forma la percepción científica de que de alguna manera todo el universo pertenece a una sola trama, así como la reflexión sobre las características de nuestras relaciones con la naturaleza. Tema sobre el cual necesariamente debemos detenernos para dar paso a sus implicaciones éticas.

Es claro que esta corriente de pensamiento, en boga entre intelectuales, y su necesaria sensibilidad, se fortalece con conocimientos que no tienen mucha antigüedad. Por ejemplo: Por conocer, a ciencia cierta, de la existencia de cerca de 5.000 galaxias, con cientos de millones de estrellas que poseen millones de millones de planetas girando alrededor de ellas. Los cálculos científicos hablan de un uno seguido de 15 ceros de planetas con posibilidades de algún tipo de vida. Hasta el director del Observatorio Astronómico del Vaticano (sede de la institución internacional que con más éxito se ha opuesto al desarrollo del conocimiento durante los últimos 1.500 años) declaró hace unos meses que “es una locura pensar que estamos solos”.

Hoy los hombres nos sabemos fruto de 3.800 millones de años de evolución (2.000 millones de ellos sin oxígeno en la atmósfera, lo cual amplía las posibilidades de vida en el universo al no ser necesario este elemento), de los cuales hemos sido humanos apenas los últimos 300.000 años, y se ha demostrado que solo hace unos 25.000 se dispararon nuestras actuales capacidades de memoria, de evaluación de datos y de toma de decisiones, lo que permitió la creación de lo que llamamos con orgullo “Civilización Humana”, productora de múltiples formas de arte sublime, de barbaries supremas, deslumbrantes tecnologías, etc.

Los descubrimientos acerca del genoma humano, de las células madres y la clonación embrionaria de células con fines terapéuticos, que prometen desaparecer cerca de 6.000 enfermedades de origen genético, y curar una gran cantidad de ellas producidas por virus, así como el cada vez mayor potencial de ingeniería genética; los estudios de la Paleontología y la Antropología que nos sugieren que hemos sido tres las especies de primates humanos dotados de inteligencia, lenguaje, etc., (dos de ellas extinguidas. La última hace unos 15.000 años, porque no desarrollaron cambios adaptativos como sí lo hicieron nuestros abuelos) nos recomiendan que las respuestas a las viejas preguntas acerca de quiénes somos, de dónde venimos y para dónde vamos hay que buscarlas, ya no en las cavilaciones filosóficas, ni en los dogmas religiosos o en los enunciados metafísicos, sino, a través de la actividad científica responsable puesta al servicio de la humanidad.

La vida animal en la Tierra ha sufrido 5 extinciones masivas en sus 550 millones de años de existencia y en ellas han desaparecido el 99% de las especies que ha arrojado el transcurso de la evolución. Se ha calculado en 40.000 millones las especies que han vivido frente a los 40 millones de ellas que existen. Hoy toda la vida consiste en una delgada película superficial del planeta que representa una diez millonésima parte de su peso. Y sorprende por lo vulnerable. El más leve cambio cósmico la haría desaparecer. Por lo menos en sus formas actuales.

Lo cierto es que, seamos lo que seamos, aquí estamos, y debemos estar conscientes de nuestras reales posibilidades de supervivencia como sociedad, como especie, así como la del necesario hábitat.

La búsqueda del conocimiento científico que desarrolle una medicina más eficiente, y un mayor dominio de las leyes de la física con el fin de que seamos menos vulnerables a las amenazas del exterior no solo es un deber sino además una necesidad para la supervivencia. Una extraordinaria proeza para una especie que acaba de llegar en el último segundo de la historia del universo.

A manera de ejemplo ilustrativo de la necesidad de seguir profundizando nuestros conocimientos científicos, podemos recordar que hace unos tres meses se informó a la opinión pública que un meteorito del grande de Francia, que había sido descubierto con pocos días de antelación, pasó muy cerca de la Tierra. Lo espeluznante de la noticia radica en que si se hubiese dirigido hacia nosotros no se hubiera podido hacer nada para desviar su curso o aminorar el impacto. Dos son los antecedentes más conocidos, que tenemos, de una colisión de esta naturaleza: El primero fue un impacto similar que produjo la separación de una parte del planeta (la Luna) que quedó gravitando alrededor de él; y el segundo, hace unos 65 millones de años, cuando un asteroide mucho más pequeño que éste cayó en el golfo de México y trajo como consecuencia la desaparición del 95% de la vida en el planeta incluyendo la de los dinosaurios.

Pero no todas las amenazas son exógenas. Gracias al extraordinario éxito de la especie humana en su radiación adaptativa, al tremendo impacto sobre la Tierra de los 6.000 millones de hombres, al desarrollo en los últimos doscientos años de técnicas destructivas, y a las depredaciones en aras de la productividad económica, se está perdiendo en la Tierra el equilibrio medioambiental: Hemos producido la contaminación de los mares, los ríos y las aguas subterráneas, el calentamiento del planeta, la disminución de la capa de ozono, las lluvias ácidas, etc. Seis millones de hectáreas de tierra cultivables desaparecen anualmente ocasionando que millones de seres humanos mueran por problemas relacionados con el hambre. Según las Naciones Unidas, la cubierta forestal del planeta habrá disminuido un 40% para el año 2010 con respecto a 1990, y cerca de 15 millones de hectáreas de bosques desaparecen cada año. Cuatro veces Suiza. Un solo kilómetro cuadrado de selva húmeda en el occidente de Colombia posee mayor biodiversidad que todo el Reino Unido, y aquí cerca, en las selvas vírgenes del Amazonas, viven hoy cerca del 50% de las especies de la Tierra, y en este momento se está produciendo el 60% del oxígeno del globo.

Por otra parte, los desechos químicos de las sustancias precursoras que aportan los países desarrollados, de Norteamérica y Europa, para que se produzcan drogas sicoactivas, con destino final a sus propios mercados internos, en laboratorios ubicados aquí en Sudamérica, en plena selva amazónica, lejos de sus conciencias ciudadanas, están contaminando importantes fuentes de agua, y haciendo desaparecer millones de kilómetros cuadrados del primer pulmón del planeta, tanto por la erosión como por el talamiento desbordado con fines de cultivo de plantas de coca y amapola. Los colombianos conocemos por experiencia propia las nefastas consecuencias, que en el tejido social y las estructuras económicas de los pueblos subdesarrollados, arrojan las presiones económicas del gran mercado ilícito global y la doble moral de los centros financieros de los países del primer mundo.

Visto lo anterior, es afortunado que en  grandes foros Masónicos multilaterales, se debata, con entera libertad, en el alba de un nuevo Renacimiento, el tema de la ética Masónica, que para nosotros constituye, sin lugar a dudas, el fundamento filosófico de la competitividad ideológica del Masón en el mundo de hoy; ya que ante un nuevo contexto de conocimientos y amenazas, la Masonería debe aplicarse, si se define como progresista (y no puede ser de otra manera sin traicionar la intención de sus fundadores), en desarrollar un nuevo sentido de orden en la relación de los seres humanos entre sí, y con el universo. Y para lograrlo, no puede olvidar que el hombre debe establecer un vínculo directo entre la participación de su civilización, cada vez más tecnológica, y la estabilidad de los fenómenos naturales que permiten un medio idóneo para la vida en la Tierra.

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