Curitiba/2002

 

A la Gloria Del Gran Arquitecto Del Universo

GRAN LOGIA UNIDA DEL PARANA

ÉTICA MASÓNICA

EL MASÓN ENTRE LA DUDA Y LA CERTEZA

 I  Concepto

 ÉTICA viene del griego Ethiké, derivado de hêthos. Aristóteles distingue entre “virtud ética” (arete ethiké) y “virtud dianoética, intelectual” (arete dianoethiké) (1) La primera es la virtud del carácter, y la segunda, de la reflexión y de la prudencia. Para otros, Ética quiere decir, análogamente, “manera de ser” o “carácter”, como forma de vida adquirida o conquistada por el hombre.

Según el criterio adoptado por Adolfo Sánchez Vázquez, “La ética es la teoría o ciencia del comportamiento moral de los hombres en la sociedad...” Mismo así, hay que darse cuenta que Ética no es Moral y, por lo tanto, no puede ser reducida, como suele ocurrir, a un conjunto de normas preestablecidas; su misión es explicar la moral efectiva de un grupo, de una sociedad, de una época y, de esa manera, influir en el comportamiento de daca individuo concreto en el medio en que vive. Nada más incorrecto que el pensar en Ética como siendo un normativismo dogmático transformado en código de reglas fijas para determinados grupos, sociedades, profesiones, etc.

La Ética, como advierte Adolfo Sánchez Vásquez, “...se encuentra frente a una experiencia histórica y social en el terreno de la moral, o sea, frente a una serie de prácticas morales ya en vigor y, partiendo de ellas, busca determinar la esencia de la moral, su origen, las condiciones objetivas y subjetivas del acto moral, las fuentes de la evaluación moral, la naturaleza y la función de los juicios morales, los criterios de justificación de esos juicios y el principio que determina el cambio y la sucesión de los distintos sistemas morales”.

Como tal, la Ética se transforma en virtud y forma específica de comportamiento humano. No es algo que viene de fuera, impuesta de arriba hacia abajo. Ella nace en las fibras del corazón, se enraíza en el intelecto y se exterioriza en actos humanos, puesto que tiene, como objetivo, cumplir una función social y moral de este o de aquél grupo, según sus filosofías de vida.

El camino de la virtud no se encierra nunca – siempre es posible caminarlo. Mientras exista el hombre tendrá él, inexorablemente, la posibilidad de cambiar su conducta, imprimiendo a sus actos nuevos rumbos.

La Ética nos pone frente a un fenómeno complejo, particularmente dirigido hacia el comportamiento humano en un determinado momento y frente a ciertas circunstancias objetivas y subjetivas.

La función de la Ética no es la de establecer para una determinada comunidad, una determinada sociedad, una determinada etnia o un determinado grupo, un comportamiento predeterminado para esta o aquella situación – hasta porque resulta imposible presagiar todos los problemas prácticos de la vida cotidiana. La Ética, como ya lo hemos dicho, parte de una experiencia histórica social basada en valores morales, o sea, la ética parte de costumbres arraigados y en vigor dentro de una determinada comunidad, dentro de una determinada sociedad, dentro de una determinada etnia, dentro de un determinado grupo de gente.

La ética, del punto de vista objetivo, nada más es que actos conscientes y voluntarios de individuos que afectan otros individuos, que afectan determinados grupos sociales, que afectan la sociedad como un todo.

Su sustancia, aunque revestida de perennidad y universalidad y, por más elevada, patriótica y moralizante que sea, está siempre ligada a las circunstancias, hechos y gentes de una determinada época, de una determinada ocupación, de una determinada filosofía de vida, de una determinada etnia, etc. No bastaran tales fundamentos y, vista bajo otra perspectiva, se dice que la ética, en sentido general, es la ciencia de la moral, o sea, la ciencia de una esfera del comportamiento humano. De ahí deducirse que ética y moral se relacionan, se entrelazan, se amalgaman para formar una ciencia específica que estudia, en síntesis, el comportamiento del hombre en circunstancias y tiempos los más distintos imaginables.

Dice Adolfo Sánchez Vásquez que “Ambas las palabras – ética y moral – mantienen así una relación que tenían en sus orígenes etimológicos”

La palabra “moral” viene del latín “mos” o “mores”, “costumbre” o “costumbres” en el sentido de un conjunto de normas o reglas establecidas por hábito. La moral se refiere al comportamiento adquirido o manera de ser conquistados por el hombre. La palabra “ética”, como ya lo dijimos, viene del griego “ethos” y quiere decir “MANERA DE SER” o “CARÁCTER” como forma de vida, también adquirida o conquistada por el hombre.

Por lo tanto, podemos decir que “ethos” y “mos”, “CARÁCTER” y “COSTUMBRE” adquieren forma en el comportamiento del individuo concreto, siendo derivados, adquiridos o conquistados por hábitos, costumbres y tradiciones de una cierta y determinada cultura, grupo, etc. El comportamiento moral pertenece solamente al hombre a medida en que, sobre su propia naturaleza, crea esta segunda naturaleza de la cual hace parte su actividad moral.

Según Erich Fromm (2), las esperanzas y temores que afligen la personalidad y se interponen a la sociedad moderna se apoyan sobre el valor moral del hombre y sobre la sabiduría y responsabilidad de los que fomentan el curso de su desarrollo. 2

Es, precisamente, bajo el contexto de tales enseñanzas que este trabajo, ÉTICA MASÓNICAEL MASÓN ENTRE LA DUDA Y LA CERTEZA fue elaborado, o sea, que una específica naturaleza comportamental del hombre frente a la sociedad  general principios morales particulares. De esta manera, la Ética  en la masonería dice respecto a un tipo específico de comportamiento identificado con la filosofía de sus miembros a partir de una determinada circunstancia vivida, buscando alcanzar y cumplir una función social y moral capaz de contribuir para el perfeccionamiento del hombre.

Las “Old Charges, Instrucciones, Mandamientos” y otras inmemorables enseñanzas masónicas ya decían que el “...masón debe observar y practicar los principios de la sana moral”.

El comportamiento humano práctico moral, todavía que sujeto a variaciones de una época a otra, de una sociedad a otra y de una filosofía de vida a otra persigue, siempre, la virtud del Bueno.

Podemos afirmar que la Ética, como comportamiento masónico persigue, en sus más distintas formas y tiempos, un ideal: la búsqueda de la perfección; eso aunque todos los caminos que buscan la perfección (del comportamiento del hombre) sean convergentes.

Ahora bien, si el ideal de la Ciencia es la Verdad, el de la Moral lo Bueno, el del Arte la Belleza y el del Derecho la Justicia podemos, sin miedo de errar, afirmar que el de la Masonería es la perfección (del comportamiento del hombre): la transformación de la “piedra bruta” en “piedra pulida” o “esciadrejada”.

Aunque la convicción de que el Ideal Masónico, consustanciado en la ‘’Ética Masónica” sea el perfeccionamiento del hombre, tales principios necesitan ser, en el siglo de la tecnología moderna en que el espacio es el límite, con urgencia urgentísima reformulados, para atender a la nueva orden social, económica, política, científica y filosófica. Puesto que es cierto y más que cierto que hoy, más que nunca, se necesita un abordaje nuevo, objetivo, serio y eficaz de las Instituciones Masónicas frente a las realidades del nuevo mundo, de la nueva orden social, filosófica, política, científica, religiosa, etc. Se necesita revisar repetimos, con urgencia, los conceptos Masónicos de lo que es Bueno y justo para todos – sin distinción de raza, credo, poder económico, bélico, científico o la capacidad de poder viajar entre las estrellas. Uno necesita ser creativo, más humano. Uno necesita volver a sus orígenes de criaturas divinizadas nacidas por las manos del G\ A\ D\ U\ para que seamos faroles luminosos que, de

cuando en cuando, iluminan el camino de los profanos puesto que, de hombres que entran en la vida sin contagiarse de algún ideal, nada se puede esperar.

Salvo mejor juicio, nos parece que una de las tareas de la Masonería hodierna es el estudio, la investigación constante y seria del contenido del Bueno y de la Justicia en términos modernos, del siglo XXI, como siendo el norte para el masón que se encuentra frente a dudas, certezas, incertezas y problemas como: ¿Debo ejecutar, ponerme de acuerdo o apoyar el bombardeamiento indiscriminado de comunidades tribales despojadas de recursos de defensa, mismo que tal bombardeamiento sea una orden superior? ¿Debo cumplir una orden que devuelva una agresión sufrida solo por que el grupo al cual pertenezco es más poderoso o, sencillamente, a título de venganza? ¿Debo estar de acuerdo, apoyar o callarme sobre la improbidad o corrupción del grupo político al cual pertenezco solo porque si así no lo hago sufriré pérdidas materiales? ¿Debo cumplir la promesa hecha ayer a un amigo aunque me dé cuenta hoy que tal cumplimiento me traerá pérdidas considerables? ¿Debo darle un tiro a mi agresor o revidar su agresión solo por que cerca no había nadie para atestiguar el hecho? ¿Debo huir de un atropellamiento cuyo responsable soy yo, abandonando la víctima, solo porque cerca no había ningún testigo? ¿Debo considerar como siendo bueno el hombre que demuestra ser cariñoso con el pordiosero que llama a su puerta y que, durante el día – como patrón – explota desapiadadamente los obreros y los empleados de su empresa? ¿Debo hacer público, dar noticia, estar de acuerdo y o atribuir a mi próximo, sin entero conocimiento de causa y sin pruebas, solo por haber oído hablar o leerlo en la prensa, actos difamatorios o calumniosos?

Hay que saber que tales problemas prácticos con los cuales todo Masón un día y en una determinada hora enfrentará – y tendrá que decidir a respecto pueden afectar talvez un individuo, varios individuos, una comunidad entera, una nación, el mundo...

Delante de tales y tan relevantes cuestiones estamos predicando la necesidad de una nueva conciencia de Ética en la Masonería, bajo la égida de valores morales nuevos fundamentados en la realidad social, económica y científica de hoy, capaz de ser absorbida, perseguida, vivida y practicada por los Hermanos de fe. El hombre del siglo XXI vive bajo una nueva dimensión, actúa bajo presiones y realidades morales enteramente innovadas por la tecnología científica revolucionaria que dirige su proa visionaria hacia las estrellas y extiende sus alas para tales excelsitudes en el afán de encontrar respuestas adecuadas y soluciones concretas para: la criminalidad mundial desfrenada; el uso alarmante de las drogas; el desarreglo político; la carrera hacia el dinero fácil; la sofisticación armamentistacada día más alarmante; la conquista del espacio; la polución incontrolada del medio ambiente; el hambre; la conmoción social y económica mundial y tantas otras.

Uno necesita concienciarse del hecho que la Ética Masónica no puede ser apenas una filosofía de vida adoptada por la Orden. Ella necesita ser sentida, necesita ser vivida, necesita ser practicada, necesita ser perseguida veinticuatro horas al día. Ella necesita hacerse presente en nuestros pensamientos, en nuestros actos, en nuestro hablar, en nuestros negocios, en nuestros hogares. Ella debe estar siempre de centinela en el Templo del G\A\D\U\.

A final, la Ética Masónica no puede ser, como suele ocurrir, apenas un principio o un modelo de comportamiento moral basado en los “LANDMARKS” escritos en los Reglamentos, articulado en los Estatutos y practicado apenas en los rituales de la Hermandad pero debe ser, eso sí, un mandamiento escrito con sangre esculpido con honor y grabado al rojo en las fibras más profundas de nuestro corazón. Debe ser un mandamiento capaz de impregnar nuestro espíritu y nuestro intelecto de respecto al próximo, de culto a la Justicia, de amor a la verdad, de incesante búsqueda del bien; debe ser la exteriorización del comportamiento moral que imponga al Masón de todos los tiempos y de todos los lugares una conducta inflexible y incorruptible, capaz de diferenciarlo del hombre común. Pues, como dice José Ingenieros, “...el que aspira a ser águila debe mirar lejos y volar alto...” y ...Mientras existan corazones que alienten un afán de perfección serán conmovidos por todo lo que revela fe en un ideal: por el canto de los poetas, por el gesto de los héroes, por la virtud de los santos, por la doctrina de los sabios, por la filosofía de los pensadores”.

 

Curitiba, 14 de enero de 2002

 

Hermano Nelson de Mello Lemos

 

Referencias:

(1)    In “Ética Nicomáquea”, L. II y V

(2) FROMM, Erich: A Revolução da Esperança. Trad. De Edmond Jorge, Ed. Zahar Editores, Rio de Janeiro, 1969, p.9

« Back/Retourner/Volver/Voltar