A la Gloria
Del Gran Arquitecto Del Universo
GRAN LOGIA UNIDA DEL PARANA
ÉTICA MASÓNICA
EL MASÓN ENTRE LA DUDA Y LA CERTEZA
I
Concepto
ÉTICA
viene del
griego Ethiké, derivado de hêthos.
Aristóteles distingue entre “virtud ética” (arete ethiké)
y “virtud dianoética, intelectual” (arete dianoethiké)
(1) La primera es la virtud del carácter, y la segunda, de la
reflexión y de la prudencia. Para otros, Ética quiere
decir, análogamente, “manera de ser” o “carácter”,
como forma de vida adquirida o conquistada por el hombre.
Según el criterio
adoptado por Adolfo Sánchez Vázquez, “La ética es la teoría o
ciencia del comportamiento moral de los hombres en la sociedad...”
Mismo así, hay que darse cuenta que Ética no es
Moral y, por lo tanto, no puede ser reducida, como suele ocurrir,
a un conjunto de normas preestablecidas; su misión es explicar la
moral efectiva de un grupo, de una sociedad, de una época y, de esa
manera, influir en el comportamiento de daca individuo concreto en
el medio en que vive. Nada más incorrecto que el pensar en Ética
como siendo un normativismo dogmático transformado en código de
reglas fijas para determinados grupos, sociedades, profesiones, etc.
La Ética,
como advierte Adolfo Sánchez Vásquez, “...se encuentra
frente a una experiencia histórica y social en el terreno de la
moral, o sea, frente a una serie de prácticas morales ya en vigor y,
partiendo de ellas, busca determinar la esencia de la moral, su
origen, las condiciones objetivas y subjetivas del acto moral, las
fuentes de la evaluación moral, la naturaleza y la función de los
juicios morales, los criterios de justificación de esos juicios y el
principio que determina el cambio y la sucesión de los distintos
sistemas morales”.
Como tal, la Ética se
transforma en virtud y forma específica de comportamiento humano. No
es algo que viene de fuera, impuesta de arriba hacia abajo. Ella
nace en las fibras del corazón, se enraíza en el intelecto y se
exterioriza en actos humanos, puesto que tiene, como objetivo,
cumplir una función social y moral de este o de aquél grupo, según
sus filosofías de vida.
El camino de la
virtud no se encierra nunca – siempre es posible caminarlo. Mientras
exista el hombre tendrá él, inexorablemente, la posibilidad de
cambiar su conducta, imprimiendo a sus actos nuevos rumbos.
La Ética nos pone
frente a un fenómeno complejo, particularmente dirigido hacia el
comportamiento humano en un determinado momento y frente a ciertas
circunstancias objetivas y subjetivas.
La función de la
Ética no es la de establecer para una determinada comunidad, una
determinada sociedad, una determinada etnia o un determinado grupo,
un comportamiento predeterminado para esta o aquella situación –
hasta porque resulta imposible presagiar todos los problemas
prácticos de la vida cotidiana. La Ética, como ya lo hemos dicho,
parte de una experiencia histórica social basada en valores morales,
o sea, la ética parte de costumbres arraigados y en vigor dentro de
una determinada comunidad, dentro de una determinada sociedad,
dentro de una determinada etnia, dentro de un determinado grupo de
gente.
La ética, del punto
de vista objetivo, nada más es que actos conscientes y voluntarios
de individuos que afectan otros individuos, que afectan determinados
grupos sociales, que afectan la sociedad como un todo.
Su sustancia, aunque
revestida de perennidad y universalidad y, por más elevada,
patriótica y moralizante que sea, está siempre ligada a las
circunstancias, hechos y gentes de una determinada época, de una
determinada ocupación, de una determinada filosofía de vida, de una
determinada etnia, etc. No bastaran tales fundamentos y, vista bajo
otra perspectiva, se dice que la ética, en sentido general, es la
ciencia de la moral, o sea, la ciencia de una esfera del
comportamiento humano. De ahí deducirse que ética y moral se
relacionan, se entrelazan, se amalgaman para formar una ciencia
específica que estudia, en síntesis, el comportamiento del hombre en
circunstancias y tiempos los más distintos imaginables.
Dice Adolfo
Sánchez Vásquez que “Ambas las palabras – ética y
moral – mantienen así una relación que tenían en sus orígenes
etimológicos”
La palabra “moral”
viene del latín “mos” o “mores”,
“costumbre” o “costumbres” en el sentido de un
conjunto de normas o reglas establecidas por hábito. La moral se
refiere al comportamiento adquirido o manera de ser conquistados por
el hombre. La palabra “ética”, como ya lo dijimos,
viene del griego “ethos” y quiere decir “MANERA
DE SER” o “CARÁCTER” como forma de vida,
también adquirida o conquistada por el hombre.
Por lo tanto, podemos
decir que “ethos” y “mos”, “CARÁCTER” y “COSTUMBRE”
adquieren forma en el comportamiento del individuo concreto, siendo
derivados, adquiridos o conquistados por hábitos, costumbres y
tradiciones de una cierta y determinada cultura, grupo, etc. El
comportamiento moral pertenece solamente al hombre a medida en que,
sobre su propia naturaleza, crea esta segunda naturaleza de la cual
hace parte su actividad moral.
Según Erich Fromm
(2), las esperanzas y temores que afligen la personalidad y se
interponen a la sociedad moderna se apoyan sobre el valor moral del
hombre y sobre la sabiduría y responsabilidad de los que fomentan el
curso de su desarrollo. 2
Es, precisamente,
bajo el contexto de tales enseñanzas que este trabajo, ÉTICA
MASÓNICA – EL MASÓN ENTRE LA
DUDA Y LA CERTEZA fue elaborado, o sea,
que una específica naturaleza comportamental del hombre frente a la
sociedad general principios morales particulares. De esta manera,
la Ética en la masonería dice respecto a un tipo específico
de comportamiento identificado con la filosofía de sus miembros a
partir de una determinada circunstancia vivida, buscando alcanzar y
cumplir una función social y moral capaz de contribuir para el
perfeccionamiento del hombre.
Las “Old
Charges, Instrucciones, Mandamientos” y otras inmemorables
enseñanzas masónicas ya decían que el “...masón debe
observar y practicar los principios
de la sana moral”.
El comportamiento
humano práctico moral, todavía que sujeto a variaciones de una época
a otra, de una sociedad a otra y de una filosofía de vida a otra
persigue, siempre, la virtud del Bueno.
Podemos afirmar que
la Ética, como comportamiento masónico persigue, en sus más
distintas formas y tiempos, un ideal: la búsqueda de la perfección;
eso aunque todos los caminos que buscan la perfección (del
comportamiento del hombre) sean convergentes.
Ahora bien, si el
ideal de la Ciencia es la Verdad, el de la Moral lo Bueno, el del
Arte la Belleza y el del Derecho la Justicia podemos, sin miedo de
errar, afirmar que el de la Masonería es la perfección (del
comportamiento del hombre): la transformación de la “piedra
bruta” en “piedra pulida” o “esciadrejada”.
Aunque la convicción
de que el Ideal Masónico, consustanciado en la ‘’Ética
Masónica” sea el perfeccionamiento del hombre, tales principios
necesitan ser, en el siglo de la tecnología moderna en que el
espacio es el límite, con urgencia urgentísima reformulados, para
atender a la nueva orden social, económica, política, científica y
filosófica. Puesto que es cierto y más que cierto que hoy, más que
nunca, se necesita un abordaje nuevo, objetivo, serio y eficaz de
las Instituciones Masónicas frente a las realidades del nuevo mundo,
de la nueva orden social, filosófica, política, científica,
religiosa, etc. Se necesita revisar repetimos, con urgencia, los
conceptos Masónicos de lo que es Bueno y justo para todos – sin
distinción de raza, credo, poder económico, bélico, científico o la
capacidad de poder viajar entre las estrellas. Uno necesita ser
creativo, más humano. Uno necesita volver a sus orígenes de
criaturas divinizadas nacidas por las manos del G\
A\
D\
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para que seamos faroles luminosos que, de
cuando en cuando,
iluminan el camino de los profanos puesto que, de hombres que entran
en la vida sin contagiarse de algún ideal, nada se puede esperar.
Salvo mejor juicio,
nos parece que una de las tareas de la Masonería hodierna es el
estudio, la investigación constante y seria del contenido del Bueno
y de la Justicia en términos modernos, del siglo XXI, como siendo el
norte para el masón que se encuentra frente a dudas, certezas,
incertezas y problemas como: ¿Debo ejecutar, ponerme de acuerdo o
apoyar el bombardeamiento indiscriminado de comunidades tribales
despojadas de recursos de defensa, mismo que tal bombardeamiento sea
una orden superior? ¿Debo cumplir una orden que devuelva una
agresión sufrida solo por que el grupo al cual pertenezco es más
poderoso o, sencillamente, a título de venganza? ¿Debo estar de
acuerdo, apoyar o callarme sobre la improbidad o corrupción del
grupo político al cual pertenezco solo porque si así no lo hago
sufriré pérdidas materiales? ¿Debo cumplir la promesa hecha ayer a
un amigo aunque me dé cuenta hoy que tal cumplimiento me traerá
pérdidas considerables? ¿Debo darle un tiro a mi agresor o revidar
su agresión solo por que cerca no había nadie para atestiguar el
hecho? ¿Debo huir de un atropellamiento cuyo responsable soy yo,
abandonando la víctima, solo porque cerca no había ningún testigo? ¿Debo
considerar como siendo bueno el hombre que demuestra ser cariñoso
con el pordiosero que llama a su puerta y que, durante el día – como
patrón – explota desapiadadamente los obreros y los empleados de su
empresa? ¿Debo hacer público, dar noticia, estar de acuerdo y o
atribuir a mi próximo, sin entero conocimiento de causa y sin
pruebas, solo por haber oído hablar o leerlo en la prensa, actos
difamatorios o calumniosos?
Hay que saber que
tales problemas prácticos con los cuales todo Masón un día y en una
determinada hora enfrentará – y tendrá que decidir a respecto
– pueden afectar talvez un individuo, varios individuos, una
comunidad entera, una nación, el mundo...
Delante de tales y
tan relevantes cuestiones estamos predicando la necesidad de una
nueva conciencia de Ética en la Masonería, bajo la égida de valores
morales nuevos fundamentados en la realidad social, económica y
científica de hoy, capaz de ser absorbida, perseguida, vivida y
practicada por los Hermanos de fe. El hombre del siglo XXI vive bajo
una nueva dimensión, actúa bajo presiones y realidades morales
enteramente innovadas por la tecnología científica revolucionaria
que dirige su proa visionaria hacia las estrellas y extiende sus
alas para tales excelsitudes en el afán de encontrar respuestas
adecuadas y soluciones concretas para: la criminalidad
mundial desfrenada; el uso alarmante
de las drogas; el desarreglo
político; la carrera hacia el
dinero fácil; la sofisticación armamentista
– cada día más alarmante; la
conquista del espacio; la polución
incontrolada del medio ambiente; el
hambre; la conmoción social y
económica mundial y tantas otras.
Uno necesita
concienciarse del hecho que la Ética Masónica no puede ser
apenas una filosofía de vida adoptada por la Orden. Ella necesita
ser sentida, necesita ser vivida, necesita ser practicada, necesita
ser perseguida veinticuatro horas al día. Ella necesita hacerse
presente en nuestros pensamientos, en nuestros actos, en nuestro
hablar, en nuestros negocios, en nuestros hogares. Ella debe estar
siempre de centinela en el Templo del G\A\D\U\.
A final, la Ética
Masónica no puede ser, como suele ocurrir, apenas un principio o
un modelo de comportamiento moral basado en los “LANDMARKS”
escritos en los Reglamentos, articulado en los Estatutos y
practicado apenas en los rituales de la Hermandad pero debe ser, eso
sí, un mandamiento escrito con sangre esculpido con honor y grabado
al rojo en las fibras más profundas de nuestro corazón. Debe ser un
mandamiento capaz de impregnar nuestro espíritu y nuestro intelecto
de respecto al próximo, de culto a la Justicia, de amor a la verdad,
de incesante búsqueda del bien; debe ser la exteriorización del
comportamiento moral que imponga al Masón de todos los tiempos y de
todos los lugares una conducta inflexible y incorruptible, capaz de
diferenciarlo del hombre común. Pues, como dice José Ingenieros,
“...el que aspira a ser águila debe mirar lejos y volar alto...”
y “...Mientras existan corazones que alienten un afán de
perfección serán conmovidos por todo lo que revela fe en un ideal:
por el canto de los poetas, por el gesto de los héroes, por la
virtud de los santos, por la doctrina de los sabios, por la
filosofía de los pensadores”.
Curitiba, 14 de enero
de 2002
Hermano Nelson de
Mello Lemos
Referencias: