Guadalupe/2003

Annual theme: Education for peace from the masonic point of view

Ponencia del Gran Oriente Latinoamericano
al Simposio de CLIPSAS año 2003

Introducción
Desde tiempo inmemorial el código de pensamiento occidental asocia la paz con la guerra o más exactamente, con la ausencia de guerra. La paz se nos presenta como un concepto negativo: la paz no existe por sí misma, es siempre un estado, generalmente provisional o pasajero, de otro más duradero o casi permanente, el de conflicto.

Los francmasones debemos cambiar esa relación. La paz debe adquirir entidad propia en el pensamiento y obedecer a sus propias leyes que harán imposible la guerra. La paz es consecuencia de muchos factores entre los cuales destaca la justicia. Sólo el hombre justo puede traer la paz. Ninguna paz se basa en la injusticia. El hombre injusto es por definición belicoso. El oponerse a la injusticia es un acto de paz.

Las premisas básicas para una paz permanente son la igualdad y la libertad. La paz se da en libertad y en igualdad o no se da. Dos tercios de la población humana aún no ha conseguido suficientes niveles de libertad e igualdad para considerar posible la paz real y positiva para ellos y el otro tercio que aparentemente se considera viviendo en paz, pues goza de una convivencia democrática, libre, tolerante y justa está permanentemente en peligro de perder su pacífica existencia, porque la única paz duradera posible es la paz global.

Crear una cultura por la Paz
Si como francmasones deseamos colaborar para instaurar una cultura por la paz deberemos aportar para facilitar la gran transición desde la razón de la fuerza a la fuerza de la razón. De la opresión al diálogo. Del aislamiento a la interacción y a la convivencia pacífica. Erradicar la violencia.

He aquí nuestro desafío: evitar la violencia y la imposición, yendo a las fuentes mismas del rencor, la radicalización, el dogmatismo, la intolerancia, el fatalismo. La pobreza, la ignorancia, la discriminación, la exclusión.... son formas de violencia que pueden conducir a la agresión, al uso de la fuerza, a la acción fratricida.

Una conciencia de paz no se genera de la noche a la mañana ni se impone por decreto. Se va fraguando después de la decepción del materialismo y del servilismo al mercado, en el regreso a la libertad de pensar y actuar sin fingimientos, a la austeridad, a la fuerza indomable del espíritu, clave para la paz.

La Carta de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) afirma que "puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en las mentes de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz..." Desde su creación la UNESCO ha proyectado su acción en este terreno.

Al fomentar una educación para la paz, los derechos humanos y la democracia, la tolerancia y el entendimiento internacional, la UNESCO reconoció que la educación constituye el centro de toda estrategia de consolidación de la paz. Por medio de la educación se imparte de la manera más amplia posible una iniciación a los valores, las aptitudes y los conocimientos que fundan el respeto de los derechos humanos y los principios democráticos, el rechazo de la violencia y el espíritu de tolerancia, el entendimiento y la apreciación mutua entre personas, grupos y naciones.

Instituciones gubernamentales y privadas, ayuntamientos, escuelas y todo tipo de asociaciones del mundo entero están poniendo en práctica los valores de la cultura de paz. Procuran eliminar la pobreza y reducir las desigualdades, esforzándose para lograr un desarrollo sostenible y el respeto de los derechos humanos, reforzando para ello las instituciones democráticas, fomentando la libertad de expresión, mejorando la condición de la mujer y salvaguardando la diversidad cultural y el medio ambiente.

La paz no se puede garantizar exclusivamente por medio de acuerdos políticos, económicos o militares. En última instancia, depende del compromiso unánime, sincero y constante de los pueblos. Cada uno de nosotros, cualesquiera sean su edad, sexo, posición social, credo religioso o cultura, hemos de contribuir a crear un mundo de paz.

La paz únicamente puede lograrse gracias a nuestro comportamiento, nuestras actitudes y nuestro quehacer cotidiano. La cultura de paz es la cultura universal que todos los pueblos comparten y es consustancial a nuestra humanidad común.

La paz se alcanza con una disposición activa, madura y responsable. Disposición que incluye tanto el corazón como la mente para permitir sentimientos buenos e ideas positivas que morigeren las ambiciones desmedidas de poder y de riquezas materiales, causa primaria y fundamental de la injusticia, que junto a la intolerancia crean un ambiente donde la paz individual y colectiva no es posible.

Civilidad es condición de paz
En 1795 Inmanuel Kant propone la Paz Eterna. De acuerdo a su hipótesis sí es posible lograrla, para lo cual es necesario comenzar construyendo la paz interior. Con ello no se refería sólo a la paz de las conciencias de cada individuo, sino que también a la paz interior de las naciones, la que sólo puede asentarse sobre la base de un armazón republicana o como hoy se dice, la sociedad civil.
La restauración de la política como medio de relación civil supone el declive de la razón militar, lo que a su vez significa instaurar la paz interna dentro de las naciones a fin de que puedan relacionarse razonablemente entre sí y con las demás. De acuerdo a lo postulado por Kant, sólo un Estado libre, laico y democrático está más cerca de lograr su verdadera paz interna, condición esencial para lograr una paz eterna. La civilidad exterior sólo puede erigirse sobre la civilidad interior y siempre según Kant, ésto permitiría lograr una Confederación de países que reglamenten sus asociaciones y deseen estatuir la paz en la tierra. Por estos conceptos, este filósofo es considerado por muchos el precursor de la Organización de las Naciones Unidas.

"Cómo es posible la existencia duradera de una sociedad justa y estable de ciudadanos libres e iguales que no dejan de estar profundamente divididos por doctrinas religiosas, filosóficas y morales razonables".

La humanidad no ha sido capaz aún de resolver los conflictos que plantea el laicismo y la libertad individual versus la libertad colectiva, en un mundo complejo donde reina la diversidad de razas, religiones, culturas y costumbres. La convivencia pacífica entre distintos reclama el respeto social, intelectual y moral de lo que se siente como diferente. Las sociedades cerradas que dogmatizan culturas, principios y creencias están condenadas a mantener focos permanentes de conflictos interior sin resolver, que terminan inevitablemente generando violencia.

No hemos superado aún las estrecheces intelectuales de la sociedad cerrada, por más que los seres humanos hayamos progresado en los ámbitos del conocimiento. No sabemos los hombres vivir en paz en el planeta, porque no somos capaces de convivir con todos los sentimientos, con todas las creencias, con todas las costumbres.

La historia es el relato de la imposición de unas ideas sobre otras, de una cultura sobre otras, generalmente por medios violentos. Sin embargo, en los escasos períodos de la humanidad en que los pueblos han conseguido convivir uniendo lo diferente, respetando lo diverso, abrazando las culturas, se han producido los avances más espectaculares en el orden sociopolítico, intelectual y artístico.

Programa de Educación para la Paz
En nuestro hemisferio la Organización de los Estados Americanos ha planteado un Programa de Educación para la Paz que concibe a la Educación como un proceso de enseñanza aprendizaje de valores, conocimientos, creencias, actitudes y comportamientos conducentes a la preservación y la promoción de la paz.

El programa ha de orientarse a valores y prácticas democráticas tanto a nivel formal como informal, ya que entendemos la democracia no sólo como un sistema de gobierno, sino un estilo de vida que estimula y privilegia el tratamiento y el manejo de los problemas y los conflictos por la vía pacífica y del respeto a las reglas del juego formales y no formales. El programa debe también contribuir a un mejor entendimiento y a un tratamiento adecuado de aquellos problemas que en el ámbito latinoamericano, regional, subregional o local perturban o amenazan la paz.

El Gran Oriente Latinoamericano propone un Programa de la Educación para la Paz que sea aplicable en toda Latinoamérica respetando las realidades locales y nacionales y que aborde tres áreas temáticas que nos parecen de la mayor importancia.

1. - La solución pacífica de conflictos.-
La experiencia latinoamericana reciente demuestra que la transición y la consolidación de la democracia requieren fortalecer las capacidades de sus instituciones para consolidar el Estado de Derecho y superar las condiciones que generan problemas en las áreas críticas de cada sociedad. En nuestros países se están creando nuevos espacios de participación y diálogo en la sociedad civil para enfrentar adecuada y conjuntamente los desafíos de la gobernabilidad y resolver de una manera pacífica los conflictos que los mismos acarrean. En ese sentido, varios países latinoamericanos están promoviendo procesos de concertación y consenso en diferentes sectores, por medio del desarrollo de mecanismos para tratar y manejar conflictos, incluyendo entre otros, el análisis empírico de conflictos, la mediación, la conciliación, la negociación y la facilitación del diálogo. Un programa de Educación para la Paz debe contemplar entonces capacitación en técnicas de análisis, prevención y resolución de conflictos y organizar encuentros a nivel local, regionales e internacionales sobre mejores prácticas y formas de institucionalizar sistemas de resolución de conflictos.

2.- La promoción de los valores y prácticas democráticas.-
La formación de ciudadanos con un mayor conocimiento y entendimiento de las instituciones, valores y prácticas democráticas y con un mayor compromiso con las mismas, es fundamental para el desarrollo de una cultura política democrática y la participación plena de la población en los quehaceres de la política o la vida ciudadana, incorporando en su actuar valores propios de las culturas autóctonas y grupos minoritarios. Esta cultura política es base indispensable para la viabilidad de la democracia y es conducente y facilitadora de la cooperación y de las relaciones pacíficas entre las naciones-estados. Por lo tanto, estos valores y prácticas deben ser objeto de los procesos enseñanza aprendizaje formales y no formales y considerarse objetivos transversales de todo proceso educativo en todos los niveles. Por la vía del sistema educativo formal la enseñanza y el aprendizaje de los valores y las prácticas democráticas deben involucrar activamente a los ministerios de Educación, las universidades, las instituciones formadoras de docentes, la familia y las organizaciones no gubernamentales. El principal beneficiario de un programa de Educación para la Paz debe ser la juventud, en especial los niños a nivel prebásico y básico, ya que ellos son más receptivos y están aun menos deformados y representan realmente el futuro de su país. A nivel no formal, la promoción de tales valores y prácticas debe incluir los partidos políticos, los medios de comunicación, la academia, todo tipo de asociaciones, las organizaciones de los trabajadores y las organizaciones no gubernamentales.
También se debe promover un mayor acercamiento entre las instituciones civiles y militares a fin de facilitar la interacción y la confianza entre estos dos sectores.

3.- La Promoción de la Paz entre los países.-
Como resultado de la creciente globalización, la paz entre los países, la cooperación y la solución de conflictos o diferendos por la vía pacífica de la negociación y el respeto por el derecho internacional depende en gran medida del grado de interdependencia y comunidad de intereses socioeconómicos, geográficos y políticos entre los Estados. Con el surgimiento global de la democracia, también ha cobrado vigencia nuevamente la tesis de que las relaciones entre naciones-estados con gobiernos democráticos tienden a ser pacíficas. Si esta tesis es válida, un Programa de Educación para la Paz en los países de América Latina debe propender a un mayor conocimiento y entendimiento mutuo y un creciente respeto por las diferentes realidades nacionales y de la creciente interdependencia y comunidad de intereses entre los países Latinoamericanos. Debe priorizar en los diferentes niveles del sistema educativo de cada uno de los países el estudio de la realidad latinoamericana, su historia, las culturas, las tradiciones, la política, la sociedad, los derechos , las normas y las relaciones internacionales con nuestros países vecinos.

El Gran Oriente Latinoamericano se suma con su aporte a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que trabajan por la paz para contribuir a la construcción de un mundo mejor.
La Libertad, la Justicia, la Democracia, la Tolerancia, la Igualdad y la Paz son ideales del humanismo, que se comprometen con la realidad del hombre, con una sociedad de hombres libres que aproximan lo diferente, que unen lo distinto, que concitan lo diverso para trabajar colectivamente en valores cívicos, espirituales y morales comunes, para construir un nuevo mundo que, como se ha dicho, deje de estar con un pié en las cenizas y otro sobre las ruinas. Donde reine la paz entre los hombres, la inteligencia y el amor.

Es mi palabra.

Gonzalo Montoya Rivera
Gran Maestro
Gran Oriente Latinoamericano

Concepción, Chile, Marzo 2003

 

« Back/Retourner/Volver/Voltar